Entrevista a Andrés Franco

Jueves, 18 Enero 2018

“No hay que hacer solamente libros de carácter científico, sino que hay que pensar en textos que lleguen más a las comunidades”

Libros, Puerta, Entrada, Italia, Colores, Ciudad

 

Por Daniel Blanco, egresado de Antropología y magíster en Historia de la Universidad de los Andes. Jefe de Publicaciones de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano. 

Andrés Franco es PhD en Oceanografía de la Universidad de Concepción, Chile, y biólogo marino tadeísta con una experiencia de más de 20 años en la docencia e investigación en las ciencias del mar. Es el actual Director del Departamento de Ciencias Biológicas y Ambientales y de la Sede Santa Marta de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano. 

Daniel Blanco: ¿cuándo empezó a acercarse al mundo de las publicaciones de libros y revistas? ¿Cuál fue su primera obra? 

Andrés Franco: sí, ya cuando pasé a mi fase profesional y a mi vida académica en la Tadeo, hace unos 24 años, más o menos, los primeros libros que empezamos a sacar fueron en conjunto con varias universidades, especialmente con la Nacional, y eran en el marco del Seminario de Ciencias y Tecnologías del Mar. Lo que hacíamos era sacar libros recopilatorios de los trabajos de investigación a propósito de ese seminario. Antes los sacábamos como pequeños libros de resúmenes, pero después tomamos la idea de motivar a los estudiantes o ponentes para que, de manera voluntaria, sacaran su trabajo de investigación en una estructura más completa. 

Ya después, producto de mis investigaciones, empezamos a sacar libros con mi equipo, la gran mayoría con la editorial de la Tadeo. Tal vez el primero que se publicó fue en el 2005, el de la Oceanografía de la Ensenada de Gaira, que era una compilación de muchas investigaciones de estudiantes de biología marina en el marco de una asignatura llamada seminario de investigación. 

Toda esta literatura gris guardada en los anaqueles de la biblioteca de Santa Marta, la recogimos, la integramos y generamos ese libro. Veo con mucho gusto que todavía tiene vigencia y es muy consultado por estudiantes e investigadores, porque mostraba a la Ensenada de Gaira y la Ensenada del Rodadero, no desde el punto de vista turístico, sino desde el punto de vista oceanográfico. De ahí se empezaron a desprender otra serie de libros, por ejemplo, hay uno que es un manual de técnicas físico-químicas, el cual todavía manejamos las instituciones para que nuestros análisis sean comparativos. 

Entonces, esa ha sido una dinámica de participación interinstitucional. Otro libro que sacamos, que mencionó usted antes, fue el de Carbón, clima, playa y peces, que es muy bonito porque se obtuvo de dos tesis de pregrado que trataban de abordar la problemática del carbón en Santa Marta, donde había mucho ruido porque se decía que si las playas estaban oscuras era por el carbón, o era por el tipo de roca que se erosionaba y llegaba a las playas. Esa fue una investigación motivada no solo para sacar resultados de investigación, pues también consideramos que esos resultados eran muy importantes para la comunidad no científica. 

DB: ¿usted, como autor, sobre todo en estos primeros libros, de qué manera siente que se ha validado la ciencia? ¿Cuáles eran las expectativas, las motivaciones? ¿Qué mecanismos se usaban para lograr publicar en ese campo de conocimiento? 

AF: en el marco de las ciencias que nosotros manejamos, ciencias jóvenes en el país, porque no tienen más de 60 años, nuestro gremio es pequeño en comparación, por ejemplo, con los de la medicina o de la ingeniería. Eso hace que se tenga un conocimiento más o menos completo de las actividades que realizan diferentes profesores e investigadores en las distintas universidades del país que tienen ciencias marinas, que no son más de diez. 

En mi caso particular, toda la vida me he dedicado a dos áreas de las ciencias marinas: la oceanografía y la ecología del plancton, que son unas comunidades vegetales y animales, el alimento en los océanos, son la base nutricional de todos los organismos, desde los pequeños invertebrados hasta las ballenas. Por eso me llamaban para esos libros que están asociados a esas comunidades, o a factores que afectan a esas comunidades. Cuando te invitan a un libro es porque ya has hecho un buen número de publicaciones científicas, es decir, tu investigación también ha sido sometida al juicio de jurados internacionales, y ese también es un factor determinante para que te inviten a participar en estos libros. 

DB: ahora que habla de la evolución de las oficinas de publicaciones y las editoriales, ¿cómo ve que ha sido su trayectoria como autor de la mano con esa historia de las oficinas de publicación? ¿Cómo cambió su trayectoria y cuáles son los hitos de esas publicaciones en las que usted se sabe autor académico con trayectoria? 

AF: en los principios y mediados de los 90, la relación investigador-oficina de publicaciones era muy escueta, era más para cumplir un requisito. Para mí, el hito o el cambio inicial fue en el año 2005 o 2003, cuando empezamos a hacer el libro de la Ensenada de Gaira, porque ahí empecé a sentir un acompañamiento real. El investigador antes no solo se tenía que preocupar por el contenido científico, sino que se volvía diseñador y editor. Yo en ese momento tuve un acompañamiento excelente por parte de la oficina. No hacían evaluaciones aún, pero sí un acompañamiento en el que me decían “hágalo así, mejore esto, quite lo otro”, y ellos diagramaban. Creo que el segundo momento es hace unos dos o tres años, donde ya se amplía y se ve con mayor obligatoriedad la consecución de pares evaluadores de la validación de esos libros para que pesaran en los grupos de investigación y en los CvLAC de nosotros, para nuestra clasificación hacia Colciencias. 

Yo creo que uno nunca se siente como un autor académico, porque uno hace un libro y dice “bueno... este está bueno”, y luego lo lee y sabe que puede hacer algo más; entonces, creo que es un aprendizaje continuo, no hay un momento en el que uno pueda decir “aquí llegué al clímax de la cuestión”. No. Lo que sí es cierto es que los libros cada vez tienen que ser más rigurosos científicamente y exitosos, y las oficinas de publicaciones tienen que ser un aliado ejemplar en ese proceso. Yo creo que eso es lo que estamos viviendo ahora; veo con beneplácito, por ejemplo, aquí en la Tadeo, todo el ejercicio que usted y su equipo vienen haciendo: unas políticas claras, unas plantillas claras y otra serie de cosas que yo le escuché en diciembre, que me hicieron pensar que esta es la fase tres, en la que ya nos estamos alineando. 

DB: veo que, en el caso de las revistas científicas, hay un momento en el que está muy conectado con Invemar, con sus publicaciones, y en otro momento ya hay otro tipo de publicaciones en las que incluso hay revistas académicas internacionales. Cómo ve, comparativamente, el enfoque en las revistas científicas internacionales y las nacionales, frente a otras publicaciones. 

AF: esa pregunta es muy interesante, porque responde un poco a la historia de la formación educativa en el país. Para el caso de nosotros, la revista de mayor impacto en Colombia y en Latinoamérica es el Boletín de investigaciones marinas y costeras del Invemar, y por eso allí el grueso de nosotros siempre ha publicado. Si uno hace una revisión de todos los números del boletín, las vacas sagradas en cada área de las ciencias marinas siempre han publicado allí, y le tenemos un cariño especial a ese boletín por un esfuerzo que ha hecho históricamente de mostrar los avances en las ciencias marinas del país, incluso cuando era el Instituto colombo-alemán. 

En mi caso, dos artículos publicados en el Caribbean Journal of Science corresponden a productos de investigación de mi disertación doctoral. En ese momento, las universidades también empiezan a contratar profesores que tenían mucho más que formación profesional, como sucede en la Tadeo, donde el profesor de tiempo completo debe tener maestría o doctorado. Ellos traen esa cultura de publicación internacional, lo que genera una expansión gradual, no solo en la Tadeo, sino en el país. Ahí entra un momento histórico que es Colciencias con el CvLAC y el GrupLAC, las publicaciones internacionales en los primeros cuartiles, y otras condiciones, que tenían un mayor impacto, una mayor puntuación y una mejor clasificación como investigador o como grupo de investigación. 

Todo eso lleva a este giro que ha traído cosas buenas y cosas no tan buenas; cosas buenas como que se conozca un poco la investigación del país hacia afuera en ciencias marinas, pero también ha debilitado a muchas revistas nacionales que históricamente son muy buenas, como, por ejemplo, Caldasia, el mismo Boletín de investigaciones marinas y costeras, muchas revistas como las que tuvimos acá en la Tadeo, que desaparecieron por falta de material. 

Ese ha sido el proceso, además, no toda la investigación da la talla para que vaya a revistas internacionales, a veces hay trabajos de investigación muy buenos que tienen impacto nacional y que deberían seguir publicándose para que se noten. Lo que es interesante y que estamos empezando a ver es que también hay autores de fuera del país que quieren publicar en nuestras revistas, incluso algunas muy recientes, como Mutis. Lo mismo sucede con el boletín del Invemar. Yo fui parte del comité editorial muchos años, ya me retiré, pero allí se reciben permanentemente artículos de países como Venezuela, México, Costa Rica, Puerto Rico y otros. Ahora bien, creo que lo que sigue en esto es que nosotros aprendamos a publicar digitalmente, que nos metamos en el mundo digital de las publicaciones porque, aunque suena raro, todavía somos algo temerosos. Resulta que las ediciones de revistas como Nature o Science y todas las poderosas son digitales, es algo que el país ya debe manejar de manera más fluida. 

DB: ¿cuáles son esos temas en ciencias marinas que toman diferentes valores dependiendo de donde se esté publicando? 

AF: hay unos temas que, como en todas las ciencias, son prioritarios y se van presentando de acuerdo a la necesidad de la sociedad. Sin duda alguna, temas como el cambio climático y todos sus derivados, como ascenso en el nivel del mar, descongelamiento de los polos, pérdida de la biodiversidad, alteración de las zonas costeras, erosión costera; son temas que suceden en el país y que son de interés para otros países, como también para nosotros es de interés la información que se esté generando al respecto. Sin embargo, hay otros temas que de alguna 

manera corresponden al pecunio de cada región. Por ejemplo, uno de mis estudiantes del doctorado en ciencias del mar va a evaluar cuál es la “Elevación del nivel del mar y el impacto en el sector de Bocagrande y El Laguito”, ese es un tema local. Yo creo que es una investigación muy importante porque tiene un efecto en la sociedad y en la zona turística de Cartagena, un efecto económico y financiero, si no lo diseño en un contexto con un marco internacional me va a servir para una revista nacional, va a quedar de lujo, pero se queda solo en el marco local. Ahora, si está analizando a la luz de todas las ciudades costeras, con el impacto que va a tener y hace un análisis, pues ya es de carácter internacional. 

Es algo que tenemos que ir madurando y ajustando tanto a las necesidades del país como a las necesidades de la globalización de la educación y de las universidades, porque para mí, al final, todo se centra, desafortunadamente, en los rankings nacionales e internacionales. Hay algo que es muy común allí, y es que para la universidad la investigación tiene un peso fortísimo en visibilidad, en el nivel de tus profesores, en el número de veces que te citan. Uno también tiene que ajustarse a eso porque por ahí vienen los fondos. 

DB: ¿cómo ve usted el futuro del autor académico en general y, en particular, en su disciplina? 

AF: creo que el país está entendiendo que la investigación básica es ciento por ciento necesaria, y en buena parte también la investigación aplicada, al servicio de la sociedad. Debe salir de las universidades y para que salga de allí son necesarios esos profesores y autores académicos. 

El futuro es que el autor va a tener una responsabilidad aún mayor que la que actualmente tiene, porque, hay que decirlo, históricamente uno investigaba por investigar o porque el tema le gustaba. No. Ahora, usted investiga sobre una necesidad, sobre una duda razonable en un momento, sobre un daño que se presentó o sobre un impacto que hubo. Usted investiga porque le dicen que la bioprospección es importante para ver, en el mar de esos animales, qué compuestos hay para mejorar la salud o para generar una droga para combatir alguna enfermedad. 

Entonces, los autores académicos en el futuro inmediato tienen una obligación y una responsabilidad, no solamente profesional, sino también social, muy grande. El otro punto futuro es que ese autor académico, además de ser ese visualizador de soluciones para la sociedad, también se va a convertir y se tiene que convertir en una persona que por sus investigaciones va a tener la capacidad de traer recursos, no solamente nacionales sino también extranjeros, porque los recursos nacionales no son suficientes, y eso es una retroalimentación positiva. 

Usted hace una buena publicación que tiene un impacto y eso se le revierte a usted en dinero que va a seguir fortaleciendo la investigación. En las ciencias marinas es un reto tremendo, entre otras cosas, porque buena parte de nuestra población, como sucede en todo el mundo, vive en la costa. Colombia tiene cuatro ciudades capitales en la zona costera, unas con el peor desarrollo y otras con el mayor desarrollo, como Riohacha o Barranquilla, respectivamente. En ese sentido, tenemos que desarrollar no solamente alternativas del agro, sino también alternativas del mar. Tenemos una responsabilidad muy grande frente a proyectos como Offshore. Son las exploraciones mar adentro para gas y petróleo que son necesarias, también, para el desarrollo de la sociedad. 

DB: ¿cómo cree usted que está respondiendo la edición académica en el país a eso, y qué tendría que tener para responder a ese futuro? 

AF: yo pienso que en Colombia todavía no está claro qué es lo que debe hacer la edición académica, porque cada vez nos cambian las reglas, cada vez nos quieren quitar una cosa o poner la otra. A eso le falta madurez. Para mí, esa editorial debe estar a la altura de esa necesidad, eso implica protocolos muy claros respecto a cómo la universidad va a generar patentes, cómo va a publicarlas, y con respecto a los artículos científicos o los libros, se necesitan mecanismos de divulgación de impacto. Creo que también es fundamental un acompañamiento muy claro de seguimiento para revistas, porque no todo lo puede hacer la editorial de la universidad, ella debe tener la potestad de decirle al autor que eso que está haciendo puede dirigirlo para otro lado para tener más información, pero también pienso que estas oficinas editoriales deben empezar a hacer un trabajo nuevamente hacia la sociedad vista en un concepto más amplio. 

A mí, por ejemplo, me gustaba mucho una experiencia de una universidad chilena que, si bien sacaba los libros y las revistas, mensualmente también sacaba un folleto ligero con las novedades de investigación y de ciencia de la universidad, y lo repartía a la comunidad. Eso tenía un impacto muy bonito, incluso esa universidad en el diario tenía un espacio en el que publicaba esos avances, y el que se interesaba desde el punto de vista científico iba a otras fuentes, pero la gente sabía lo que estaba haciendo la universidad y eso generaba sentido de pertenencia. Entonces, yo pienso que las editoriales deberían estar encaminadas a eso, no solamente a los procesos de decisión y de producción, sino a dar más herramientas a esa proyección o a esa necesidad que va a tener el académico de ser más integral, más vinculado con la realidad de la sociedad.

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