Un frágil tesoro: las mariposas colombianas

Crónica por Patricia Londoño, Doctorado en Historia Moderna de la Universidad de Oxford (Inglaterra), profesora titular (jubilada) de la Universidad de Antioquia. Autora de diversas publicaciones en el campo de la historia social y cultural.

Hoy, cuando algunas de las voces que cuestionan los hallazgos de la ciencia encuentran eco en círculos allegados al poder en países desarrollados, el esfuerzo por poner las investigaciones de los científicos l alcance del común de la gente cobra nuevo sentido.

La enorme acogida que algunas iniciativas en el campo de la divulgación científica han tenido en el mundo, tanto en la forma de documentales como de libros, demuestra que si el contenido es interesante y la presentación atractiva el público los recibe con entusiasmo. Entre los modelos más destacados figuran las series para televisión escritas y presentadas por el naturalista inglés sir David Attenborough, como Life on Earth (1979), The Living Planet (1984) y Planet Earth (2006). Y por supuesto, Cosmos: un viaje personal (1980) con Carl Sagan como guionista principal y presentador, complementada por un libro suyo con el mismo título, y seguida en 2014 por Cosmos: A Spacetime Odyssey del astrofísico Neil de Grasse Tyson, quien se inspiró en Sagan. Esta última serie fue transmitida en 181 países y traducida a 45 idiomas.

En Colombia, a pesar de propuestas de la talla del parque Explora en Medellín, la divulgación científica sigue siendo una especie de cenicienta, y esto es especialmente cierto en el mundo editorial. Los investigadores y los editores universitarios le prestan poca atención a los retos peculiares que este campo implica, y los criterios vigentes para la asignación de puntajes otorgados a las publicaciones académicas poco ayudan a promover este tipo de iniciativas.

Un frágil tesoro: las mariposas colombianas, un ejercicio de divulgación científica. Este libro, de 148 páginas y 150 láminas entre ilustraciones científicas y fotografías, fue publicado por la Editorial de la Universidad del Rosario en diciembre del 2016. Tuve la suerte de participar como directora editorial, experiencia que comparto en estas notas. La idea fue hacer un libro dirigido al lector no especializado, que también le resultara atractivo al experto. Un libro que admitiera “lecturas” diferentes: para quienes deseen hojearlo ocasionalmente, deteniéndose en las láminas y quizás en algunos pies de foto, para quienes quieran leer algún capítulo o sección, para quienes necesiten consultar sobre una especie o sobre un dato particular, y obviamente para quienes se animen a leerlo de cabo a rabo…

Génesis del libro

Desde hace varios años, colaboro con la Editorial de la Universidad del Rosario proponiendo y evaluando publicaciones y en la investigación gráfica para algunos de sus libros ilustrados. A comienzos del 2015, cuando el director de la editorial me comentó la idea de un libro dedicado a las mariposas, como posible tema para el libro institucional —de gran formato, profusamente ilustrado— que cada año publica la rectoría, le propuse hacerlo sobre las mariposas colombianas y acepté encargarme de la dirección editorial.

El tema nos gustó sobre todo cuando pudimos comprobar que sobre estos insectos alados, uno de los indicadores de la biodiversidad en Colombia, el creciente número de publicaciones en revistas científicas contrasta con los pocos libros que le presentan al lego un panorama de su complejo mundo.

El rector de la Universidad sugirió que al redactar el proyecto vinculara al decano de la Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas, Mauricio Linares, para que contara de los estudios acerca de las mariposas que él y otros investigadores de la Facultad vienen adelantando y para que presentara la Estación Experimental de Campo José Celestino Mutis. En el proyecto que presenté formalmente en julio del 2015 a la Editorial Universidad del Rosario, el libro que en forma preliminar titulé Mariposas de Colombia: el arte en la naturaleza, contemplaba:

[…] textos breves, donde predomine la imagen. La idea es que el lector se asombre, se deleite y goce con la hermosura de estos insectos. Las imágenes se escogerán de tal forma que el conjunto de una idea de la variedad de mariposas diurnas de las distintas regiones del país. (Proyecto Mariposas de Colombia: el arte en la naturaleza, 2015, p. 2).

Los capítulos debían describir en forma concisa, con un lenguaje ameno y asequible al lego, el mundo de las mariposas, su biología, su variedad, donde viven, y a mostrar la importancia de conservarlas, cuidando el hábitat que alberga cada una de las etapas de su asombrosa metamorfosis, huevos, oruga, crisálida, adulto.     

Con esta publicación se espera ayudar a generar una mayor conciencia del importante papel que las mariposas cumplen en los ecosistemas que habitan –contribuyen a la polinización de las flores y alimentan otros animales. Si queremos insistir en inculcarle a las nuevas generaciones un mayor compromiso por la conservación de la vida silvestre, actitud que tanta falta hace en nuestro medio, una forma de enseñar a valorarla y amarla es ayudando a conocerla mejor. Un buen camino para enseñar a amar el mundo natural es a través del atractivo que propicia la belleza. El libro que proponemos subraya el arte implícito en los asombrosos diseños, en la riqueza y mezcla de formas y colores de estos seres alados, admirables joyas silvestres. (Proyecto Mariposas de Colombia: el arte en la naturaleza, 2015, p. 2).

Proceso de gestación

Para redactar el proyecto, como en cualquier investigación, empecé por elaborar una bibliografía de trabajo que me diera una idea del estado del arte, en otras palabras, de saber qué se había divulgado sobre las mariposas colombianas, qué se consigue todavía en el mercado, y a partir de las publicaciones especializadas, identificar posibles autores. Complementé la búsqueda con una serie de conversaciones con algunos especialistas. Durante la pesquisa inicial, conocí la base de datos Biobutterfly, un catálogo de las mariposas diurnas en Colombia, diseñado por Juan Guillermo Jaramillo en 2007, actualizado desde entonces por él, con aportes suyos y de un grupo de expertos nacionales e internacionales que contribuyen con fotografías y le ayudan con la clasificación de las mariposas retratadas. Este fue el punto de partida para buena parte de las fotografías del libro, tanto a él como de sus colaboradores, Kim Garwood, David Geale, y Fredy Montero. El resto de las fotos fueron tomadas por la bióloga y fotógrafa Catalina Londoño Carder durante las salidas de campo y las visitas a colecciones de mariposas disecadas que hicimos para el libro.

Yo conocía de antemano la calidad de las ilustraciones de flora y fauna hechas por Catalina Londoño. Y por la experiencia en proyectos anteriores, sabía también a quién le quería encargar el diseño y la diagramación del texto y a quién quería para las correcciones de estilo, tarea que en una obra con distintos autores y dirigida a un público amplio es de trascendental importancia.

Definir el contenido final por capítulos fue un largo proceso, fruto de las reuniones con el grupo de autores. Luego de varias discusiones, convenimos estructurar el libro alrededor de unas preguntas básicas: ¿qué es y cómo se desarrolla una mariposa?, ¿por qué en Colombia son tan abundantes y variadas?, ¿por qué la ciencia se interesa por estudiarlas?, ¿qué efecto tendrán sobre las mariposas las amenazas que hoy se ciernen sobre la biodiversidad? La nueva orientación nos llevó a vincular a Catalina González Arango, experta en palinología y paleoecología tropical, para darle una perspectiva temporal más amplia a las explicaciones sobre la biodiversidad en el neo trópico.

Y por una feliz sugerencia del decano Linares, vinculamos a Carlos Eduardo Giraldo como autor y como director científico. Un acierto, pues este joven investigador, recién doctorado, a pesar de su poca experiencia editorial, resultó un acompañante ideal por su formación rigurosa y por su paciencia, entusiasmo y generosa disponibilidad. Entre ambos, Carlos y yo, llevamos la batuta, una experiencia bastante grata. Revisamos los borradores de los capítulos y los pies de foto, él velando por la pertinencia del contenido científico, y yo por el tono y la claridad de los textos, amén de los múltiples detalles editoriales. Mi labor consistió en mantener la comunicación con el grupo de trabajo de principio a fin, coordinar lo relacionado con la estructura y el contenido de los capítulos. Con el ánimo de garantizar una cierta unidad en los contenidos y en la forma, redacté unas instrucciones precisas dirigidas a los autores sobre el tipo de texto esperado, la extensión y las características formales: sin notas o referencias de pie de página, sin jerga académica, acompañados, de ser necesario, con una lista de vocablos especializados, los cuales irían con su definición en un glosario al final del libro.

Carlos se ocupó de definir al detalle el contenido de los capítulos encargados a los autores, labor en la que contó con una estrecha colaboración de otro autor, otro biólogo recién doctorado, Nicolás Peláez, sobre todo en lo relacionado con el apartado más extenso, el dedicado a explicar los aspectos que la ciencia investiga en relación con las mariposas. Juntos revisamos los borradores entregados por cada uno de los autores y emprendimos cuantas revisiones fueron necesarias. Cuando consideramos que los textos estaban listos, pasaron a la fase de ajustes para correcciones formales, con ayuda de la correctora de estilo. Cuando estábamos a punto de cerrar la edición, el decano Mauricio Linares recibió la buena nueva de que la descripción de una mariposa de una subespecie nueva para la ciencia, de la familia de las Nymphalidae, que él estudia en los mariposarios de la Universidad del Rosario, fue aceptada por el Journal of the Linnean Society, con el nombre de Heliconius timareta linaresi.

Guión visual

Paralelo a lo anterior, dirigí la investigación gráfica, es decir, ubiqué los fotógrafos, y me dediqué a mirar cientos y cientos de fotografías. En este proceso me acompañó Catalina Londoño Carder, quien conjugando su mirada de bióloga, fotógrafa y artista, fue de gran ayuda. Tras largas jornadas, logramos ir bajando poco a poco la preselección a dos centenares de fotografías. Queríamos dejar un margen para que la persona encargada del diseño y la diagramación del libro tuviera opciones de escoger las imágenes finales con un criterio estético. Buscamos que las fotografías, además de ser de excelente calidad técnica, dieran una idea del desarrollo de las mariposas en las diferentes etapas de su ciclo de vida desde los huevos, la oruga, la pupa, hasta el estado adulto, de la forma cómo estos insectos viven en diferentes ambientes naturales y en diferentes situaciones, buscando pareja, copulando, poniendo huevos, libando, ocultándose de los depredadores, etc. A medida que avanzaba la investigación gráfica, fui elaborando el guión para indicar la ubicación de las imágenes en los diferentes capítulos. Incluimos también varias micrografías, es decir, imágenes obtenidas con un microscopio electrónico de barrido, para mostrar detalles de los huevos, de las escamas y de la espiritrompa.

Desde el proyecto inicial, la obra contempló el encargo de ilustraciones científicas, quince en total, diez en acuarela sobre papel y cinco en tinta. Para definir los temas de las mismas, Catalina Londoño Carder contó con la asesoría de dos de los autores, Nicolás Peláez y Carlos Eduardo Giraldo. Entre todos, después de mucho discutir, logramos definir los temas. Ellos, además, le ayudaron a Catalina a ubicar el material de apoyo, revisaron los bocetos previos y me colaboraron

en la redacción de los textos incluidos al pie de cada una de estas ilustraciones, las cuales decidimos usar para la portada del libro y como separadores de los capítulos.

La redacción del resto de los pies de foto fue otro proceso en el que conté con los aportes de los autores del respectivo capítulo y del director científico. En la fase final, entre todos, armamos los anexos: un glosario, una bibliografía final, una selección de páginas de internet recomendadas y el índice de especies citadas, con sus nombres científicos y el nombre de quien hizo la descripción de la especie. Quise enriquecer el libro con una muestra de las piezas de orfebrería precolombina y de piezas etnográficas alusivas a las mariposas, y de los grabados sobre estos animales que ilustran los relatos de los viajeros y naturalistas que recorrieron el norte de Sudamérica entre los siglos XVII al XIX, con fotografías de algunas de las principales colecciones de mariposas disecadas que hay en Colombia, y con las citas de algunos poemas.

Un libro sin prisas

Cuando acepté ocuparme de la dirección editorial, necesitaba cerciorarme de que el proceso de darle vida a este libro fuera un gusto, pues como jubilada es prioridad para mí trabajar así y no por obligación. Logré convenir de antemano con la Editorial que el libro se haría sin prisas, con tiempo para que cada etapa se decantara debidamente, y tuve luz verde para escoger el equipo de trabajo, desde los autores, fotógrafos e ilustradores, hasta las personas encargadas de la corrección de estilo, el diseño y la diagramación.

De mi participación en obras colectivas anteriores, bien fuera como autora, como encargada de la investigación de las fuentes visuales o como editora, aprendí que los libros de gran formato, que involucran varios autores y que son profusamente ilustrados, obras que tienen un alto costo de producción, se deben preparar y revisar con suficiente tiempo, hasta que maduren, y también a aprendí que para evitar desencantos, como estas obras son fruto de una creación colectiva, es importante que cada miembro del grupo de trabajo encaje de forma armónica con los demás. Si no hay empatía, el resultado lo revela.

Trayectoria en proyectos de divulgación y en proyectos editoriales Soy historiadora con un doctorado en la Universidad de Oxford, felizmente jubilada de mi trabajo de 35 años como como docente e investigadora en la Universidad de Antioquia y desde el 2008 habito en medio de un bosque que he ido enriqueciendo con especies nativas, muchas de ellas amenazadas de extinción. El acercamiento a la naturaleza en esta etapa de mi vida explica que me embarcara en la tarea de editar un libro sobre un tema ajeno a mi profesión.

Si bien las ciencias naturales no son mi campo, mi desempeño como historiadora desde el decenio de 1980 me brindó un acercamiento al terreno de la divulgación en ciencias humanas y al mundo editorial. El tipo de historia que siempre me interesó, relacionado con la vida cotidiana y las costumbres de los siglos XIX y comienzos del XX, me llevó a especializarme en fuentes visuales: viejos dibujos, pinturas, grabados, fotografías. Esta afición por las fuentes visuales a su vez me condujo a asumir la investigación gráfica para proyectos editoriales, dirigidos al gran público que hicieron mucho por divulgar los hallazgos de las investigaciones de los historiadores y por rescatar el patrimonio visual de los colombianos. Me refiero a obras colectivas como la Nueva historia de Colombia (Bogotá, 1989); Historia de Antioquia y la Historia de Medellín, (Bogotá, 1988 y 1996); Breve historia de Antioquia para jóvenes lectores (Medellín, 2001); y a colaborar con revistas como el Boletín cultural y bibliográfico que edita la Biblioteca Luis Ángel Arango y la revista Credencia historia en la época en que la editaba Camilo Calderón Schrader, de quien tanto aprendí sobre las tareas editoriales.

“El acercamiento a la naturaleza en esta etapa de mi vida explica que me embarcara en la tarea de editar un libro sobre un tema ajeno a mi profesión”

El gusto por contar historias a partir de imágenes visuales para un público amplio me ha llevado también a asumir la curaduría de varias exposiciones: América exótica: panorámicas, tipos y costumbres del siglo XIX. Obras sobre papel, Colecciones de la Banca Central. Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela. (Biblioteca Luis Ángel Arango, 2005; Quito y Guayaquil, 2005); Acuarelas y dibujos de Henry Price para la Comisión Corográfica de la Nueva Granada. (Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá, 2007-2008); y junto con Santiago Londoño Vélez, Los niños que fuimos: huellas de la infancia en Colombia (Casa Republicana, Biblioteca Luis Ángel Arango, 5 de octubre del 2012 a 11 de marzo del 2013).

Un libro bien recibido

Lo sabemos porque a nosotros mismos como miembros del grupo de trabajo nos produjo un gran deleite recibir nuestro ejemplar de Un frágil tesoro: las mariposas colombianas. Lo sabemos también por el ritmo que han tenido las ventas —la edición rápidamente se agotó y fue necesario hacer una reimpresión—, y por los comentarios que estamos recibiendo de los lectores.

Como suele ocurrir, la explicación, en este caso de un éxito, no radica en una única razón sino más bien en una feliz confluencia de factores. Al igual que en una orquesta, que además del director, requiere del talento y del profesionalismo de cada uno de los músicos, además de la calidad de los instrumentos, en nuestro caso, contamos con la generosidad de la editorial que atendió las necesidades que tuvimos durante el año y medio de gestación del libro y que nos dio entera libertad.

Contamos con conocimiento de todos y cada uno de los colaboradores. Los textos se encargaron con suficiente antelación lo que permitió hacer las necesarias revisiones de cada capítulo, velando no solo por el contenido científico, sino también por los aspectos formales a veces desdeñados. Un factor clave fue disponer de tiempo para corregir, corregir, corregir hasta la obsesión, durante todas y cada una de las fases de producción. Esto, sumado al entusiasmo y a la convicción con los que los colaboradores asumieron este compromiso, nos permite ofrecer una publicación bella, con textos accesibles y bien fundamentados con la que esperamos poner nuestro granito de arena en la urgente tarea de proteger la vida silvestre.

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