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Unilibros de Colombia Edición n.° 24 - 2017

que fue editado hace muchos años (2004), supuso traducciones, permisos, reescrituras para quienes como Ángela María Estrada y yo enfrentamos ese compendio. ¿Qué pasaba?, que los artículos tampoco puntuaban porque, según Colciencias, no eran producto de un proceso de investigación. Eso era absolutamente descorazonador, pero no íbamos a dejar de publicarlo por eso. Y lo publicamos con mucho gusto: el libro, hasta donde yo tengo entendido, se agotó y fue un éxito. Ahora ya no saldría igual. Hay que tener en cuenta que han pasado muchos años y que en el mundo editorial académico de otras latitudes, para no decir de dónde, un libro académico tiene una vigencia de cinco años; a los cinco años, para acreditar o merecer una reedición, tiene que ser una edición revisada, y eso tiene un proceso muy bonito, con varios filtros para la revisión misma. A mí todos esos protocolos me parecen sanos, pero sí creo que ha habido una pérdida de norte en un sentido más general. Pienso también que los investigadores debemos dar cuenta de lo que estamos haciendo, pienso que debemos publicar. NM: una cosa que siempre me gustó mucho, Carmelita, en tus años como editora en el Instituto Pensar de la Javeriana, es que eras una gran lectora de la edición universitaria norteamericana; es decir, estabas mirando todo el tiempo lo que sucedía en tu entorno. CM: pues porque soy de asociaciones en donde yo me reúno con mis colegas. Yo estoy en LASA (Asociación de Estudios Latinoamericanos), estoy en MLA (Modern Language Association), yo estoy en mesas con colegas, y ellos me publican a mí también. Yo no me subordino, no soy subalterna de nadie, y los colegas de Pensar tampoco, como usted lo sabe. Nosotros invitábamos y nos invitaban. No nos arrodillábamos con la última cosa trendy que apareciera en cualquier parte. Es parte del ser profesional: estar al día con las cosas que están pasando y de los temas que se están generando. En ese sentido, yo creo profundamente en el colegaje y en las redes académicas, y las redes académicas relevantes para mí son MLA, LASA, la Asociación de Colombianistas. Esa es la forma de saber. NM: pero, en ese sentido, ¿qué piensas de esa tendencia de las editoriales norteamericanas de comportarse como empresas, con una dimensión de catálogo mucho más amplia de lo que se tiene en Colombia? Lo pregunto en relación a esa discusión de porqué las editoriales universitarias latinoamericanas de cada universidad publican solo lo de sus académicos. CM: en los Estados Unidos lo que pasa es que la edición académica está ligada con la opción de presentar el trabajo de una en una editorial que sea buena. Punto. Allá no hay Colciencias, pero sí es muy importante el prestigio de la editorial. Si usted quiere trabajar un tema y posicionarse en las ciencias sociales en determinada tendencia teórica, tiene que saber qué es Routledge. Usted les presenta su manuscrito a ellos y si se lo aceptan, fantástico. Esto no está ligado al paradigma biométrico de Colciencias, sino al proceso de contratación tan de los Estados Unidos, que es el famoso tenure track, donde usted a los tres años tiene que haber publicado un número de artículos en una revista de prestigio, indexada y demás. Al cabo de cinco años o lo que indique cada universidad, usted debe haber tenido un libro publicado en cada editorial de prestigio, y para eso hay una lista. Cuando usted abre un libro académico de estos (yo vivo fascinada por las páginas legales, esto es una perversión) y encuentra que el copyright dice “la versión preliminar del capítulo uno apareció en tal lugar”, “una versión ligeramente diferente apareció en tal revista”, entonces usted encuentra que la persona pasó por un proceso de tenure y que presentó su trabajo como debe ser; fue construyendo su libro mediante bloquecitos de Lego (no voy a decir “ladrillos,” porque así decía Guillermo Hoyos a los libros que no se podían leer), para ir llegando hacia el libro. Uno está en su tema, y lo va explorando por un lado y por otro, y luego ya tiene un libro. Entonces, la página legal le dice a uno en dónde fue publicando versiones preliminares; el testimonio también queda en los agradecimientos: “Agradezco a no sé quién que nos permitió publicar el capítulo tal”, y entonces usted va a ver y eso es casi un protocolo del que usted da cuenta: pide los permisos, reajusta, revisa lo que hace y ya tiene su libro. Esa es la forma en que se hace un libro académico, eso no es ni truco ni nada, es la forma como uno va trabajando, va puliendo y va organizando. NM: en la edición universitaria colombiana he notado que hay una ausencia marcada de algo que sí existe en los Estados |11 “Pienso también que los investigadores debemos dar cuenta de lo que estamos haciendo, pienso que debemos publicar” | “Creo que uno debe estar pendiente de lo que está pasando en su continente, en el mundo; tener un programa de traducción y de permisos…”


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