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Unilibros de Colombia Edición n.° 24 - 2017

Entrevista a Salomón Kalmanovitz | Entrevista a Salomón Kalmanovitz “Entendí rápidamente que lo que no tuviera rigor académico y no estuviera bien escrito, no aguantaba el paso del tiempo” Filósofo y economista, Salomón Kalmanovitz ha sido un intelectual público, pues ha combinado trabajos académicos, teóricos y empíricos, con el oficio de columnista de prensa y de revistas. Cuenta con un extenso acervo bibliográfico de su autoría que refleja esa versatilidad. Actualmente, está adscrito a la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano como profesor emérito; ha sido parte de instituciones como la Universidad Nacional, la Universidad de los Andes, el Banco de la República, entre otras. Por Daniel Blanco, egresado de Antropología y magíster en Historia de la Universidad de los Andes. Jefe de Publicaciones de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano. Daniel Blanco: ¿qué lo motivaba a ser un autor? ¿Quién se lo sugirió? ¿Cuáles eran las condiciones de las universidades, de la academia o de las sociedades profesionales o estatales que lo motivaron a escribir? Salomón Kalmanovitz: bueno, pues, había un gran vacío en la producción en ciencias sociales en el país y se dio una confluencia de un movimiento estudiantil y campesino que nos emocionó mucho y nos lanzó a estudiar los problemas que tenían que ver con el desarrollo del campo colombiano y de la revolución democrática; y, bueno, tantas ilusiones que nos hicimos en esos momentos sobre la modernización, el desarrollo incluyente, que nos indujeron al estudio de la estructura agraria; yo, en especial, mantuve el interés por tratar de ver los orígenes del problema agrario actual. Entonces, yéndome hacia atrás, empecé a encontrar eso en los años 30, cuando hubo un gran movimiento campesino. Luego seguí yendo para atrás, fui escribiendo sobre distintos periodos, sobre la colonia, por ejemplo. Eso también se debió a una simbiosis con otros autores, como Jorge Orlando Melo, precisamente, él me ofreció una guía para hacer el trabajo de historia colonial; también con Jaime Jaramillo Uribe quien me convocó para hacer la Nueva historia de Colombia que se hizo en tres volúmenes; yo participé en lo relacionado con el siglo XIX. DB: ¿en qué momento cree que empezaron las editoriales universitarias o las universidades a captar esa producción? SK: bueno, la Nacional fue pionera. Mario Arrubla fue uno de los primeros editores; Mario también es una muestra de que la investigación se hacía por fuera de la academia, pues él y Estanislao Zuleta investigaron sobre economía, historia, filosofía y literatura. La Nacional estaba tan huérfana de intelectuales que llamó a Mario Arrubla a que fuera editor de la revista UN y, eventualmente, se dio paso a desarrollar más la editorial de la universidad; él fue un antecedente importante con el que empezó una proliferación de investigaciones y un público muy ansioso de absorberlas, de devorarlas, de ponerlas en práctica. DB: en ese momento, ¿cuáles eran las validaciones académicas o científicas para publicar un libro? SK: no, eso estaba muy atrasado, no había parámetros, y también se publicó mucha basura, muy ideológica, pero eso se fue decantando poco a poco, fueron quedando los que tenían mejor nivel. En la Nacional, Antonio Bejarano, Homero Cuevas y yo fuimos contribuyendo a la enseñanza. Cuevas escribió textos de economía, Chucho Bejarano y yo hicimos trabajos sobre historia económica y sobre el problema agrario. Jaime Jaramillo Uribe fue el que, en la Facultad de Filosofía, en donde no había historia, formó a la gente en lo que era una subdisciplina. Gente como Germán Colmenares, Jorge Orlando Melo, Margarita Gonzáles, Hermes Tovar, entre otros. Fíjate, ni siquiera había un departamento de historia. Ya después fuimos desarrollando unas estructuras académicas más especializadas. Nosotros nos separamos de ciencias humanas. Economía, Administración y Contaduría hicimos una facultad aparte, porque nos sentíamos ahogados por esa gran facultad; no nos entendían, ni los entendíamos a ellos. La mayor especialización repercutió en “un subir de nivel académico” y empezaron a establecerse unas pautas más exigentes. Bueno, entre otras cosas, mi gran ventaja es haber estudiado en Estados Unidos, entonces yo llegué con un bagaje y la habilidad de escribir que no tenía buena parte de la gente, los que la tenían eran autodidactas y tenían poca educación formal, como Zuleta o Mario Arrubla, pero eso te muestra el atraso del sistema en los años |13


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