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Unilibros de Colombia Edición n.° 24 - 2017

Entrevista a Salomón Kalmanovitz | |15 DB: ¿cómo ha sido la participación suya escribiendo artículos académicos o científicos en el marco de esas legitimidades que plantea la universidad hoy con respecto a las que planteaba hace algunas décadas? SK: ahora se está parametrizando todo, de tal modo que me siento en una tierra desconocida: yo no quepo en esta nueva época donde la métrica es fundamental para otorgar puntajes. La universidad con buenos puntajes puede acreditarse mejor por publicaciones, pero me parece equivocado privilegiar el ensayo y el artículo y no el libro; así, el libro gana menos puntos que una publicación en una revista indexada internacional, cuyos esfuerzos pueden no ser para nada comparables. En escribir un libro me demoro cinco o seis años, pero en un artículo me puedo demorar seis meses, y si me dan más por escribir el artículo que por el libro, pues yo me voy a ir por el artículo. Sin embargo, yo creo que el académico tiene el deber de desarrollar el conocimiento, antes que nada; si la forma más conveniente es un libro, un artículo o un borrador, que así lo haga. Nosotros, mi generación, estuvimos interesados en dejar una marca en la política nacional, y hacer avanzar a la academia. Se defendía el principio de que la investigación era para encontrar las verdades, las trayectorias de la sociedad, ilustrar sobre temas o aspectos que no estuvieran investigados, o sea, dar con los huecos negros que había en el conocimiento de la sociedad y tratar de aclararlos. Pues ya con esta métrica el problema es hacerse a un grupo de investigación que puede estar en otro país al que no le interesa para nada el impacto político y académico de la investigación local o regional. En el mundo anglosajón todavía hay gente buenísima que publica en las mejores revistas, pero también se interesa en tener libros de gran difusión. Acemoglu y Robinson con Por qué fracasan las naciones no pierden a la hora de publicar en los journals más prestigiosos, pero con esta métrica se evita publicar un libro de gran difusión o uno que tenga un impacto sobre la academia de todo el mundo. Por lo menos, yo no puedo aspirar a la academia de todo el mundo, pero puedo aspirar a la academia colombiana y latinoamericana, y esta métrica está teniendo un efecto perverso. Si, digamos, todos los jóvenes investigadores quedan motivados por ella, que lo importante es conseguir puntos para irse promocionando, no se concentrarán en hacer aportes a las ciencias, a la academia y a la política. Ya es un nuevo y extraño mundo que no reconozco del todo y en el cual no quepo en la métrica de Colciencias. Se valen solamente los últimos cinco años de trabajos publicados, y yo tengo publicaciones de hace 50 años, bueno, no 50, pero sí 47. Entonces, lo que escribí hace 47 años no cuenta, ¿cómo así?, ¿yo nací de nuevo?, ¿me toca empezar de nuevo? No. Yo no voy a empezar de nuevo y, bueno... La obra selecta, que acaba de publicarse, trata de decir eso. Estoy recogiendo en esa obra trabajos como del 83 para acá, lo que más me pareció que se defendía en el tiempo, para derrotar esa premisa de que valen solamente los últimos cinco años, eso no es cierto, eso es tenaz. Me parece que los incentivos están mal puestos y espero que los muchachos se den cuenta de que todavía es importante hacer ambas cosas, publicar artículos en revistas muy buenas, arbitradas, etcétera; pero también es necesario tener un impacto sobre la sociedad, eso es elemental y eso no le interesa a Colciencias. Ellos están replicando otros institutos de promoción de la investigación, pero yo creo que ni siquiera lo hacen bien, no parecen entender bien qué es lo que pueden hacer y qué no pueden hacer. Estoy seguro de que los investigadores tienen una motivación altruista que los guía a no dejarse gobernar por los incentivos que tiene el sistema universitario y Colciencias, porque también se lo está imponiendo a todo el sistema universitario. Es que es lo trágico de este asunto, si una un iversidad quiere acreditarse, sus investigadores tienen que publicar mucho en estas revistas indexadas, en pequeños artículos que se leen entre especialistas. Bueno, uno tiene que reconocer que la ciencia se desarrolla también con la especialización del trabajo, como en toda división del trabajo, y que esa especialización lleva a mejores resultados, pero faltan los investigadores que hagan las grandes síntesis. Eso es lo que hacen estos libros, como el que sacaron Acemoglu y Robinson. Son la gran síntesis del trabajo de ellos. Uno puede ver también a los grandes escritores en economía, Joseph Stiglitz, Paul Krugman o José Antonio Ocampo, que han sido nobeles o están muy preocupados porque sus libros se vuelvan sucesos editoriales: que tengan una gran difusión, que tengan un gran impacto en la sociedad, eso me parece que es inmanente al rol que tiene el académico en la universidad y en la sociedad. DB: en los nuevos autores que están saliendo en cada una de las áreas de conocimiento, particularmente, de la que usted hace parte, ¿ve que hay intentos por rescatar esa intención de verdad, existe ese espíritu a pesar de las métricas? SK: sí, una persona que se dedique a la academia y a la investigación tiene motivos altruistas; me parece que eso se conserva, el sistema de incentivos trata de orientarlo hacia ciertos logros especializados, pero no se deja. Pienso en Adolfo Meisel que siempre operó por fuera de la academia, siempre trabajó en el Banco de la República, tiene una obra inmensa, y él también ha tenido la intención de impactar la política local, la política de Cartagena, la política del Caribe. Siendo fiel al terruño, al mismo tiempo ha sido universalista, constituyéndose en un académico ideal y nunca ha sido parte formal de la academia, nunca ha sido profesor de tiempo completo. Ha dictado algunas clases, pero no más. Sí, la gente joven trata de escribir bien, trata de atraer a un público mayor, de ser crítica con la economía política o seguir un derrotero muy científico. Hay gente que está haciendo de todo, hay psicología experimental, hay muy buenos econometristas, hay gente que hace economía laboral. La profesión de economista se ha ido bifurcando en muchas especializaciones y eso de todas maneras hay que bien venirlo, y de vez en cuando un Hugo López, que es de la vieja guardia, de mi generación, economista laborista, saca un par de libros o sus ensayos tratando de tener el impacto académico y social más grande. Creo que los nuevos académicos, eventualmente, harán lo mismo, pero van a tener que reformular su lenguaje que es muy técnico.


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