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Unilibros de Colombia Edición n.° 24 - 2017

Una diferencia puntual es que si la editorial ve que su título va a vender, lo primero que le nombra a usted es un editor. Aquí en Colombia ni siquiera sabemos qué es un editor, creemos que es el que edita el libro. Por ejemplo, en Estados Unidos un editor es un asistente que le nombran a usted cuando le aprueban el manuscrito; es una persona de muy alto nivel que revisa todos los aspectos del texto y conversa con el autor. Esa labor le cuesta mucho a la editorial, pero el libro sale muy bien, sin errores, sin plagios. Allá se entiende de forma diferente el trabajo de una editorial. Las instituciones tienen un grupo de personas que lee los manuscritos y, cuando se considera que pueden publicarse, la editorial da al autor un avance económico y le nombra a un buen editor, estos son aspectos que podrían tomar nuestras editoriales. He visto que aquí ya están brindando apoyo en cuanto a los gráficos, las revisiones bibliográficas, las notas, entre otros. Sin embargo, todavía hay una actitud de que le estamos haciendo el favor a usted de publicarle y no de que le estamos apoyando para que la publicación sea de calidad. La actitud depende mucho de las personas que contratan las editoriales. Estas deben tener funciones como las de nuestros ciclistas coequiperos: a usted no lo contratan para ganar carreras, sino para apoyar al líder de su equipo, para “chupar” rueda al enemigo y cortar viento al pelotón. Ojalá usted se vaya luciendo para subir de categoría en su equipo, pero muchos ciclistas buenos se han retirado sin ganar una etapa… Ese tipo de personas, los entusiastas de las letras y las publicaciones, quienes se sienten felices de apoyar una buena edición, son muy difíciles de conseguir, pero, cuando se consiguen, hacen la diferencia en una editorial. SO: usted ha escrito sobre la discapacidad y la pedagogía, ¿cómo evalúa la edición universitaria frente a las necesidades de las personas con discapacidad? CV: las tesis que he realizado sobre los niños con discapacidad visual y auditiva me han enseñado que su inclusión en los colegios ha sido casi que un atentado. Haber cerrado los institutos de atención paralela y haber forzado la integración sin inclusión, tirándolos en el aula sin preparar a los compañeros ni a los profesores, sin ponerles un traductor de lengua de señas ni impresoras Braille, etc., muestra que la inclusión se quedó en palabrería. Lo mismo pasa con las editoriales; por ejemplo, ¿a quién se le ocurre editar un libro en Braille? El libro es muy costoso y tiene problemas como que, si se guarda por mucho tiempo, se aplana la escritura. En este sentido, no son las editoriales universitarias las que han hecho nada por esta población; son los institutos dedicados a ayudarla los que apoyan a las editoriales para tener ediciones con acceso facilitado para personas con discapacidad. Le queda muy difícil a la editorial hacer este trabajo sola, debe hacerlo a través de alianzas. Así como se producen audiolibros contratando un buen lector, se podrían explorar otros tipos de medios utilizando la tecnología. SO: ¿cuál es el principal reto que debe superar la edición universitaria en Colombia para tener mayor impacto? CV: la edición universitaria está cambiando rápidamente con las nuevas tecnologías y la cienciometría. Por esto, yo diría que el principal reto es ir cambiando año por año con los avances que estas propongan. Por otro lado, tomando como referencia la investigación sobre la escritura narrativa, vamos a ver si efectivamente los científicos podemos mejorar la escritura para capturar la atención de más personas. Quizá sería bueno que las editoriales contrataran no solo correctores de estilo, sino instructores de estilo para ayudar al profesor que va a enviar un manuscrito a hacer la introducción o por lo menos a redactar un buen texto de contraportada que ayude a aumentar las ventas sin alterar el contenido académico. Por otra parte, es necesario superar el problema del inglés. Los mejores artículos y autores académicos no son citados ni siquiera por los colombianos; sin embargo, cualquier otro autor que escribe en inglés es citado en todo el mundo. Entonces, ¿no se está perjudicando al autor por pedirle que publique acá en Colombia? Para mí, este es el reto más difícil de superar en este momento. SO: ¿cómo cree que han cambiado las dinámicas de publicación de la edición académica en Colombia? Por ejemplo, en el año 1990, la revista española Comunicación, lenguaje y educación tradujo y publicó el capítulo que usted escribió en el libro The cultural transition. ¿Que haya sido una revista española la interesada en un artículo publicado en Estados Unidos y no una colombiana evidencia el estado de los intereses de los publicadores de ese entonces? CV: recuerdo que en ese momento estaba empezando la didáctica de las matemáticas en España. La revista se enteró de ese artículo, le interesó y me gané unos cuantos fans (risas). La verdad es que en Colombia ninguna revista estaba interesada en una traducción. Hay una idea de que publicar una investigación de otro medio o traducir un informe de investigación, así sea verificado, no es original. No hay mercado para las traducciones. Además, existe otro problema que he planteado a Colciencias: si ustedes quieren que publiquemos en inglés, deben tener buenos traductores de inglés para cada área académica. Las universidades, las revistas y Colciencias exigen que se escriba en inglés, pero, cuando uno manda un artículo, lo devuelven para que uno consiga a una persona que sepa inglés y lo revise… Entonces, el estado de los intereses de las editoriales en las traducciones sigue casi igual que en 1990 y no creo que vaya a cambiar mucho pronto. Aquí no estamos interesados en traducir, en volver a publicar investigaciones ni en pagar lo que vale una buena traducción; además, si lo hacemos, no queremos entregar la traducción a otra persona para que la publique. Sueño con que algún día las universidades logren recuperar ese espacio que les han ido quitando los “pulpos” de las ediciones internacionales y con que no estén pensando ni en posicionarse ni en vender, sino en impulsar el conocimiento que estamos produciendo en Colombia. 18| | Entrevista a Carlos Vasco


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