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Unilibros de Colombia Edición n.° 24 - 2017

| “... hoy en día se reflexiona más en el proceso de producción del conocimiento” encajo… En el proceso de investigación, cosas así son mucho más destacadas hoy en día que hace 30 años donde los autores antropológicos etnográficos simplemente presentaban los datos tal como los encontraron; hoy en día se reflexiona más en el proceso de producción del conocimiento de esos datos. DG: los libros antes eran más simples, ahora tienen versiones especiales, incluso uno puede entrar en Amazon y encontrar versiones en pasta dura o en versión rústica. ¿Eso influye en el libro académico? PW: cuando yo empecé a comprar libros los compraba con pasta dura o pasta rústica. Lo que hoy se consigue es lo que no se conseguía en ese entonces: las ediciones digitales. En eso sí se diferencia porque se consigue más fácil, se consigue más barato… Uno los lee de una manera diferente: atado a una máquina, a un computador. Eso tiene otro efecto sobre la manera de leer, se dice que leyendo digitalmente penetra menos la información en la mente de uno, que los procesos cognitivos son distintos. A mí personalmente me gusta leer mucho en digital, en forma digital, y aprecio mucho la disponibilidad de esos libros. En la biblioteca, cuando yo era estudiante la biblioteca era donde uno pasaba la mayoría del tiempo, durante mi doctorado pasaba muchas horas en la biblioteca. Hoy en día casi no voy a la biblioteca, casi todo lo hago por computador, eso es toda una experiencia muy distinta, uno hace todo desde su casa. DG: usted es de los pocos académicos que yo he escuchado que les gusta leer en digital, muchos en Colombia (colegas, amigos, compañeros) siempre dicen que preferirán el papel. ¿Qué les diría a esos académicos que prefieren el libro en papel? ¿Ante esos cambios en las formas de lectura, qué les diría a esos académicos que prefieren el papel todavía? PW: es un gusto personal. Como experiencia de leer, a mí también me gusta el papel, tener el libro en la mano, tener la posibilidad de sentarse en un tren donde no hay acceso al internet, tener un libro me gusta más que leer pegado a un computador. Son cuestiones de conveniencia. Yo tengo una oficina llena de libros, tanto en la universidad como en mi casa. Entonces no me caben más libros, por eso hoy en día casi no compro libros. Tengo archiveros llenos de papel. Me estoy encaminando hacia lo que llaman paperless office, mantengo todos mis documentos en formato digital porque ahora así se ahorra espacio. Entonces es más por cuestiones de conveniencia, pero aún me gusta la experiencia de tener un libro en la m ano. DG: en el ámbito académico, las revistas también son importantes. En su larga experiencia como académico ¿cómo ha sido su experiencia con las revistas? ¿Ha editado alguna revista académica? PW: sí, yo fui editor del Bulletin of Latin American Research durante varios años. Empecé como editor de las reseñas de libros. Pase a ser un coeditor y terminé como editor principal de esa revista. Hoy en día soy coeditor de Latin American and Caribbean Ethnic Studies. Somos cinco o seis coeditores en esa revista con un editor principal. DG: ¿en qué año empezó ese rol de ser editor de revistas? ¿Cómo ha visto usted los cambios desde hace 30 años de las revistas y artículos académicos? ¿Eran de pronto más locales en cuanto a lo que publicaban? PW: como editor de reseñas de libros, a finales de los años 80, en líneas generales, el proceso de las revistas sigue siendo igual. El boletín es la revista de la sociedad de estudios latinoamericanos del Reino Unido, pero tiene un alcance internacional porque fue editado en ese momento por Elsevier, que es una de las grandes casas editoras de revistas científicas. Entonces la revista ya tenía una distribución internacional. El proceso sigue siendo lo mismo, los autores envían los manuscritos a la revista, uno escoge los pares evaluadores que harán la evaluación, eso siempre demora mucho. Luego uno como editor tiene la decisión. La revista que ahora edito es el mismo proceso. Pero sí ha cambiado en algunos sentidos. Hoy en día es mucho más comercializado, todo ese proceso de la producción de las revistas se ha comercializado muchísimo más. Por ejemplo, cambiamos de casa editorial con esa revista de Elsevier a lo que en ese tiempo era Blackwell’s. Nos dimos cuenta en ese momento que queríamos cambiar de casa editorial porque Elsevier ya no estaba interesado en nuestras temáticas; estaba más interesado por el lado de las revistas de ciencias duras. No promocionaba los boletines y todas las temáticas de ciencias sociales. Nos dimos cuenta que la edición de una revista da plata para la casa editorial porque Blackwell’s nos ofreció un contrato que representaba muchísimo más dinero para la sociedad de estudios latinoamericanos de lo que antes habíamos recibido de Elsevier. Con Elsevier iba de 2.000 o 3.000 libros al año, con Blackwell’s iba a 15.000 libros al año, en ese entonces que era mediados de los años 90. En ese momento yo me di cuenta qué tipo de mercado representaba la edición de revistas académicas. DG: también es un negocio… PW: sí, y se ha vuelto más un negocio hoy en día. La otra cosa que ha cambiado es la producción en línea. La publicación en línea ha agilizado mucho más la producción. Hoy en día, una vez aceptado el artículo, uno puede tener la esperanza de que salga en línea en un par de meses después de ser aceptado. La revista ahora tiene esa facilidad, y la mayoría hoy la tienen. Antes uno tenía que esperar a que hubiera un espacio para que apareciera el artículo en impresos, o sea, había un tiempo de espera para que saliera el artículo. Ahora se ha agilizado mucho más el proceso. La cantidad de producción de artículos se ha triplicado. Por ejemplo, una de las primeras “Uno puede (…) agregar un grano de arena mientras que hace 30 años por lo menos debías agregar una cucharadita…” 20|


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