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Unilibros de Colombia Edición n.° 24 - 2017

revistas en donde publiqué mi primer artículo, la revista Ethnic and Racial Studies, en ese momento solo había dos o tres números por año, hoy en día esa revista tiene 16 números por año, o sea que la presión que sienten los académicos, sobre todo los académicos jóvenes para publicar, ha intensificado muchísimo más la cantidad de producción. Uno siente la presión de publicar y publicar por cuestiones de promoción, por la carrera, por la trayectoria profesional de uno, y por las expectativas de las agencias que financian la investigación y quieren ver los resultados muy pronto. No sé si en algún sentido eso ha bajado la calidad de producción, yo creo que en algún sentido sí. Uno puede publicar hoy en día cosas que hace 30 años difícilmente habrían sido publicadas en términos de calidad; simplemente hay que agregar algo al fondo de conocimiento sobre un cierto tema: agregar un grano de arena mientras que hace 30 años por lo menos debías agregar una cucharadita de arena en vez de un granito para ser aceptado como una publicación aceptable. DG: en cuanto a esa generación de conocimiento y teniendo a la edición como una etapa básica en la producción de conocimiento. ¿Cuál es la relación del Estado en toda la edición de textos académicos? ¿El Estado antes se entraba a jugar un rol más importante en la producción de conocimiento? ¿Ha cambiado en algo en estos 30 años la producción de conocimiento? ¿O más bien ahora son los centros de pensamiento y universidades las interesadas en esa producción? PW: sí, se ha marcado una diferencia bastante notable en ese sentido. En Inglaterra la gran mayoría de universidades son universidades públicas, dependen del Estado, o dependían del Estado. Hoy en día se están comercializando o privatizando de alguna manera, todavía no son universidades privadas, pero dependen ahora más de los ingresos de las matrículas que hace 10 años. Desde esa época se está cobrando la matrícula que antes no se cobraba a los estudiantes. Pero el Estado sí se ha impuesto en el proceso de regular la producción académica. Entonces, el Estado invierte la plata en las universidades y ellos se encargan de hacer la producción académica, pero las casas editoriales en la mayoría son compañías privadas que hacen la producción del conocimiento en términos materiales. Lo que hace el Estado es medir la producción en términos de calidad y de cantidad, entonces cada ocho años aquí en Inglaterra, en Gran Bretaña, se hace un ejercicio de evaluación de la producción de investigación de todas las universidades en todo el país. Entonces cada departamento, cada miembro de ese departamento tiene que entregar cuatro artículos o publicaciones. Esas publicaciones son leídas por un panel de expertos en la disciplina que son académicos y le dan un puntaje de 1 a 4 al departamento como tal en términos de su producción intelectual académica y en términos de su infraestructura de investigación que también es medido según ciertos criterios. Pero lo importante es medir la calidad de la producción, y eso representa cierta cantidad de plata que el gobierno da a la universidad. Entrevista a Peter Wade | Entonces entre más alto el puntaje que recibe tu departamento más dinero le dan, entonces tiene ciertas consecuencias materiales también. Este sistema ya lleva 20 años, y es una forma en que el Estado controla la producción y obliga a los académicos a producir más y, supuestamente, de mejor calidad. Hoy en día están enfatizando mucho más lo que llaman el impacto, o sea, el impacto que puede tener la producción académica sobre el mundo no académico, sobre el mundo civil, sobre la economía, sobre la cultura, sobre la gente en general. Están enfatizando la producción intelectual como que tiene que tener alguna utilidad en la sociedad más amplia. DG: usted como gran académico ¿cómo ve los libros hechos en Colombia, la edición de textos en Colombia? PW: en términos materiales de la calidad, del libro, del papel, de la pasta, el diseño es, muchas veces, de muy alta calidad. Sobre todo en las universidades grandes. Siempre he quedado impresionado con la calidad física del libro de las casas editoriales más grandes, porque uno fácilmente puede comprar unos libros muy mal hechos en el país que se desbaratan en dos o tres días, pero entre las casas editoriales más respetadas en Colombia la edición física del libro es muy buena. En términos de calidad intelectual es también bastante alto. Colegas míos como Eduardo Restrepo, a quien califico como uno de los mejores intelectuales que conozco, publican en Colombia. Además, hay una serie de experimentos bastante interesantes que existen en Colombia. Como el rechazo a todo ese proceso de indexación, de medir la producción académica en términos de salir o no en una revista indexada, una revista internacional, todo eso de medir la producción del académico que es un poco igual a lo que pasa en Inglaterra, pero es más individualizada en América Latina. En Colombia hay cierto rechazo a eso, he visto una revista que tenía en la portada “revista no indexada”, hacía alarde del hecho de que no aparecía en ningún índice. Lo que representa un rechazo de entrar en los índices. El libre acceso al conocimiento me parece que es un poco más avanzado en Colombia que en Inglaterra porque aquí el open access no es gratis. Si tú quieres publicar en una revista importante y si quieres que sea open access que cualquier persona pueda acceder a esa publicación, sin tener una suscripción a la revista tú tienes que pagar mucho dinero, miles de dólares para poder lograr ese acceso libre. Es una lucha académica para la circulación del conocimiento y estamos en eso. Hay ciertas corrientes rebeldes en la academia de Europa y en los Estados Unidos, pero en Colombia sí está un poco más con éxito en ese modelo. Son muchos los cambios que se han dado en las experiencias de bibliográficas durante los últimos 30 años, pero también son muchas las constantes que siguen estando vigentes. Pero lo importante es que las publicaciones siempre seguirán contribuyendo al conocimiento de la ciencia, pero ante todo en la generación de un conocimiento que contribuya y tenga un “impacto” sobre la sociedad en general. |21


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