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Unilibros de Colombia Edición n.° 24 - 2017

|23 “No hay que hacer solamente libros de carácter científico, sino que hay que pensar en textos que lleguen más a las comunidades” | En mi caso particular, toda la vida me he dedicado a dos áreas de las ciencias marinas: la oceanografía y la ecología del plancton, que son unas comunidades vegetales y animales, el alimento en los océanos, son la base nutricional de todos los organismos, desde los pequeños invertebrados hasta las ballenas. Por eso me llamaban para esos libros que están asociados a esas comunidades, o a factores que afectan a esas comunidades. Cuando te invitan a un libro es porque ya has hecho un buen número de publicaciones científicas, es decir, tu investigación también ha sido sometida al juicio de jurados internacionales, y ese también es un factor determinante para que te inviten a participar en estos libros. DB: ahora que habla de la evolución de las oficinas de publicaciones y las editoriales, ¿cómo ve que ha sido su trayectoria como autor de la mano con esa historia de las oficinas de publicación? ¿Cómo cambió su trayectoria y cuáles son los hitos de esas publicaciones en las que usted se sabe autor académico con trayectoria? AF: en los principios y mediados de los 90, la relación investigador oficina de publicaciones era muy escueta, era más para cumplir un requisito. Para mí, el hito o el cambio inicial fue en el año 2005 o 2003, cuando empezamos a hacer el libro de la Ensenada de Gaira, porque ahí empecé a sentir un acompañamiento real. El investigador antes no solo se tenía que preocupar por el contenido científico, sino que se volvía diseñador y editor. Yo en ese momento tuve un acompañamiento excelente por parte de la oficina. No hacían evaluaciones aún, pero sí un acompañamiento en el que me decían “hágalo así, mejore esto, quite lo otro”, y ellos diagramaban. Creo que el segundo momento es hace unos dos o tres años, donde ya se amplía y se ve con mayor obligatoriedad la consecución de pares evaluadores de la validación de esos libros para que pesaran en los grupos de investigación y en los CvLAC de nosotros, para nuestra clasificación hacia Colciencias. Yo creo que uno nunca se siente como un autor académico, porque uno hace un libro y dice “bueno... este está bueno”, y luego lo lee y sabe que puede hacer algo más; entonces, creo que es un aprendizaje continuo, no hay un momento en el que uno pueda decir “aquí llegué al clímax de la cuestión”. No. Lo que sí es cierto es que los libros cada vez tienen que ser más rigurosos científicamente y exitosos, y las oficinas de publicaciones tienen que ser un aliado ejemplar en ese proceso. Yo creo que eso es lo que estamos viviendo ahora; veo con beneplácito, por ejemplo, aquí en la Tadeo, todo el ejercicio que usted y su equipo vienen haciendo: unas políticas claras, unas plantillas claras y otra serie de cosas que yo le escuché en diciembre, que me hicieron pensar que esta es la fase tres, en la que ya nos estamos alineando. DB: veo que, en el caso de las revistas científicas, hay un momento en el que está muy conectado con Invemar, con sus publicaciones, y en otro momento ya hay otro tipo de publicaciones en las que incluso hay revistas académicas internacionales. Cómo ve, comparativamente, el enfoque en las revistas científicas internacionales y las nacionales, frente a otras publicaciones. AF: esa pregunta es muy interesante, porque responde un poco a la historia de la formación educativa en el país. Para el caso de nosotros, la revista de mayor impacto en Colombia y en Latinoamérica es el Boletín de investigaciones marinas y costeras del Invemar, y por eso allí el grueso de nosotros siempre ha publicado. Si uno hace una revisión de todos los números del boletín, las vacas sagradas en cada área de las ciencias marinas siempre han publicado allí, y le tenemos un cariño especial a ese boletín por un esfuerzo que ha hecho históricamente de mostrar los avances en las ciencias marinas del país, incluso cuando era el Instituto colombo-alemán. En mi caso, dos artículos publicados en el Caribean Journal of Science corresponden a productos de investigación de mi disertación doctoral. En ese momento, las universidades también empiezan a contratar profesores que tenían mucho más que formación profesional, como sucede en la Tadeo, donde el profesor de tiempo completo debe tener maestría o doctorado. Ellos traen esa cultura de publicación internacional, lo que genera una expansión gradual, no solo en la Tadeo, sino en el país. Ahí entra un momento histórico que es Colciencias con el CvLAC y el GrupLAC, las publicaciones internacionales en los primeros cuartiles, y otras condiciones, que tenían un mayor impacto, una mayor puntuación y una mejor clasificación como investigador o como grupo de investigación. Todo eso lleva a este giro que ha traído cosas buenas y cosas no tan buenas; cosas buenas como que se conozca un poco la investigación del país hacia afuera en ciencias marinas, pero también ha debilitado a muchas revistas nacionales que históricamente son muy buenas, como, por ejemplo, Caldasia, el mismo Boletín de investigaciones marinas y costeras, muchas revistas como las que tuvimos acá en la Tadeo, que desaparecieron por falta de material. Ese ha sido el proceso, además, no toda la investigación da la talla para que vaya a revistas internacionales, a veces hay trabajos de investigación muy buenos que tienen impacto nacional y que deberían seguir publicándose para que se noten. Lo que es interesante y que estamos empezando a ver es que también hay autores de fuera del país que quieren publicar en nuestras revistas, incluso algunas muy recientes, como Mutis. Lo mismo sucede con el boletín del Invemar. Yo fui parte del comité editorial muchos años, ya me retiré, pero allí se reciben permanentemente artículos de países como Venezuela, México, Costa Rica, Puerto Rico y otros. Ahora bien, creo que lo que sigue en esto es que nosotros aprendamos a publicar digitalmente, “Creo que el país está entendiendo que la investigación básica es ciento por ciento necesaria, y en buena parte también la investigación aplicada”


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